El paseo diario con nuestro Yorkshire

El paseo diario con nuestro Yorkshire

Para mantenerse sano y equilibrado, el perro necesita pasear. Si permanece demasiadas horas encerrado, corre el riesgo de volverse un animal obeso, poco resistente a las enfermedades y estresado.

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Sea de la raza que sea, el perro necesita salir al menos tres veces al día tanto para hacer sus necesidades como para compensar las 8 o 10 horas de reposo nocturno. Si no se hace así, con el tiempo se resentirá todo su organismo (riñones, articulaciones, pulmones, corazón,…).

La intensidad y duración de los paseos depende de su constitución física, su raza y edad. Mientras que un Carlino, por ejemplo, disfruta con una caminata de media hora tranquila y sin sobresaltos, otros como el Dálmata o el Pastor Alemán, precisan paseos prolongados para sentirse a gusto. Ahora bien, en este apartado se repite un error con relativa frecuencia que hay que tratar de evitar en beneficio de la salud del perro. Algunos amos, cuando tienen tiempo libre (vacaciones), inducen a su perro a dar paseos largos. No es de extrañar que el animal considere esta circunstancia como un derecho y no quiera cambiar esa rutina más adelante. Este cambio causa siempre problemas, porque el perro se ha acostumbrado físicamente a tanto ejercicio y sus órganos -en especial los pulmones y el corazón- están programados para el máximo rendimiento y lo necesitan para mantener su nivel. Por lo tanto, si se puede prever que los paseos largos serán una excepción, no conviene acostumbrarle a ellos.

Muchos propietarios desean un perro deportivo que haga footing con ellos o que sea capaz de correr al lado de su bicicleta sin desfallecer. Una actitud pausible, siempre y cuando se tenga la precaución de entrenar al animal para tan agotadoras actividades. Convertirlo en un deportista de alto rendimiento, requiere un entrenamiento regular. Las marchas deben ir aumentando paulatinamente en intensidad y duración hasta que adquiera la suficiente condición física. Se trata de ponerlo en forma, no de pegarle un palizón o llegue a casa reventado. Para ello, habrá que observar al perro en cada salida por si muestra señales de agotamiento:

  • El perro se queda atrás aunque haga ímprovos esfuerzos por no perder el contacto con su amo.
  • En cuanto el dueño se detiene, el animal aprovecha para tumbarse sin que se lo indiquen.
  • Jadea fuertemente y le cuesta respirar. Lo mejor en este caso es reducir la velocidad, hacer una pausa y volver a casa a paso lento.

Las horas del día en que se debe efetuar el paseo es otra circunstancia que hay que tener en cuenta por el bien de su salud. En días calurosos, sobre todo el perro de pelo largo, lo pasa fatal. Conviene que pasee a primera hora de la mañana o al anochecer. Por el contrario durante el invierno, el mejor momento para disfrutarlo es a medio día.

No sólo por razones higiénicas y físicas, sino también por razones de comportamiento, el perro precisa salir diariamente a la calle. Es la llave que le abre las puertas al mundo exterior. Para él significa vivir aventuras, encontrarse con otros perros, rastrear, olfatear, etc. En suma, todo lo inherente a su propia naturaleza y que no puede faltarle para sentirse completamente feliz.

Durante el paseo se le debe permitir olfatear cuanto quiera. No se imagina la cantidad de información que recoge el perro a través de los olores. Pero para ello necesita tiempo. No hay nada más frustrante para un perro que sentir el tirón de la correa cuando está en pleno acto de olisquar un árbol, una farola o un muro. El amo debe tener paciencia y dejar que se divierta con esta práctica durante un buen rato.

De vez en cuando conviene realizar un recorrido distinto al habitual para estimular su instinto de explorador. Durante el tiempo que dure el paseo olfateará sin parar, registrando con atención las nuevas y excitantes impresiones. Al terminar un paseo de estas características, quedará agotado físicamente, pero fuertemente estimulado.

También el paseo es el mejor momento para que conozca las reglas que rigen entre perros, aún cuando ya no le sea vitalmente necesario. Si no domina las pautas a seguir para relacionarse con ellos, se convertirá en un perro inseguro, reaccionará con temor, y lo más grave, se volverá agresivo y poco amigable.

Fuente: perros2.com

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